[imagen tomada del Instagram de @mercedoniam]
Vivir en salida.
Dentro tenemos lo seguro (pero estéril),
lo ya conocido (pero anquilosado),
lo controlable (pero porque no hay novedad).
¿Y fuera?
Fuera está el riesgo,
lo que hay que aprender,
lo que no encaja en nuestros esquemas.
Toca elegir.
Elegir si quedarnos dentro y que, si quieren, entren ellos
(para eso nosotros somos «los buenos, los que tenemos la verdad»).
O elegir vivir en salida.
Vivir para pescar -si es el caso- fuera de la pecera,
vivir para seguir las huellas del que siempre va por delante de nosotros,
vivir sabiendo que «lo de dentro» no existe más que para servir a «lo de fuera».
Vivir, en fin, en la salida del encuentro samaritano.
Sí, nos mancharemos del polvo del camino,
pero será polvo enamorado.
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Lo explico con detalle en esta entrada.